Cómo administrar mi dinero si soy un recién egresado de la universidad

¿Qué nos conviene más en una economía que está en proceso de estancarse? Los mercados internacionales parecen no ofrecer una solución inmediata al problema. Peor aún, la situación económica actual parece no mejorar y por el contrario, ir en declive.

¿Es momento de rendirse y decirse a uno mismo “esto ya es un callejón sin salida”? Yo no opinaría eso. Sin embargo, dicho pensamiento transita regularmente por la mente de millones de gentes que ven fraguadas sus esperanzas en los altos precios de la canasta básica, los cada vez más altos costes de servicios públicos. Todo en aras de un ajuste presupuestal que muchas veces maldecimos y alegamos: “no es mi culpa, ¿por qué tengo que pagar por eso?”

Hace no mucho, la Universidad de Georgetown publicó una investigación acerca de los ingresos anuales que tienen los recién egresados de las universidades estadounidenses, lo cual no fue muy alentador de saber. La mayoría de la gente que está hoy en la universidad padecerá de los ajustes presupuestales que no sólo afectan a Estados Unidos y a México, sino también a gran parte del mundo. Si en el vecino país del norte, los ingresos de un recién egresado van desde los 25,000 a los 40,000 dólares, hay que tener especial cuidados si sacamos la calculadora y descubrimos que un profesionista con este ingreso vivirá prácticamente al día.

En nuestro país la cosa parece un poco más negativa. Pues la percepción que tienen los recién egresados no supera los 100,000 pesos anuales, según el Instituto de Investigaciones de la UNAM. Otras cifras, de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, nos dicen que hay un crecimiento en la oferta de empleo, aunque el 80% de estos empleos no superan siquiera los 50,000 pesos anuales.

Pero, no todo está terminado. El mismo estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos dice que la empleabilidad de un egresado depende de su área de especialización. Por ejemplo, los egresados de carreras económico-administrativas son los más solicitados con casi un 80% de los que salen con un título de este tipo de las universidades mexicanas. Seguidos por áreas de la salud y áreas legales como el derecho. Las profesiones más afectadas por el desempleo son las humanidades y las áreas físico-matemáticas, con solamente un 10% de empleabilidad.

¿Deben ser estas estadísticas determinantes para que un joven se decida por una carrera universitaria u otra? La respuesta es muy complicada de responder. Por un lado, se tienen las habilidades y el placer de hacer una actividad determinada, por el otro, están aquellas áreas que hablando en términos pragmáticos, son más redituables. ¿Cuál es la mejor opción?

Si, como he mencionado en un principio, las inclemencias de la economía sin crecimiento nos están alcanzando a todos, sin importar a qué nos dediquemos, no valdría la pena entonces hacer lo que realmente nos apasiona.

Alguna vez escuché un discurso del actor canadiense Jim Carrey, quien en retrospectiva mencionaba la vida de su padre como un ejemplo para la juventud tal y como lo había sido para él mismo, un hombre de escasos recursos y a quien no le agradaba su trabajo, forzado a declinar sus fantasías de buen dibujante por la de un empleo estable pero terrible: “date tiempo de practicar lo que amas o puedes ser un trabajador estable infeliz el resto de tu vida”. Un excelente mensaje si regresamos la mirada a nuestro nada halagador panorama mundial.

¿Cuál es la llave para el éxito, para alcanzar el dinero sin que perdamos el placer por aquello que hacemos, para lo que un día fuimos preparados en las aulas de alguna universidad? ¿Cómo evitar que eso se convierta en una pesadilla?

Sólo me queda mencionar una frase de Gandhi para terminar con este embrollo: “Cuando amas lo que haces, el trabajo no existe”.